37441797H – dostopías + bengala

Nosotr^s somos nuev^s, pero somos l^s de siempre

El ecosistema de paradoja, esa pasión del pensamiento [Deleuze], es un ecosistema de conflicto, del conflicto de habitar ese espacio de la simultaneidad, como lo hace un eco que se convierte en muchas voces, en una red de voces que frente a la sordera del Poder, opte por hablarse ella misma, sabiéndose una y muchas, una red de voces que resiste a la guerra que el poder les hace [Subcomandante Marcos]La paradoja es como le llamamos al coexistir y a ser conscientes de ello.

37441797H piensa con las cuerpas alrededor de esta paradoja, de esta fricción imposible entre el pasado [herencia] presente [influencia] y futuro[determinación], rompe esta línea vertical de la patriarcal idea de herencia [de arriba a abajo], influencia [de A a B-unidireccional] y de determinación [si A entonces B], apostando por un devenir de interdependencias caóticas y muchas veces invisibles, voces sin rostro. Vínculos anónimos que moldean nuestra experiencia de vida, que modifica nuestra materialidad más primera. Vínculos que parten a veces de lo más micro, o de la macro política más inaccesible.

Queremos jugar con esos vínculos, erotizar nuestras experiencias de dependencia. Porque somos dependientes cuando usamos un lenguaje que va más allá de nosotr^s, porque somos dependientes cuando la decisión de un*a gran empresari* modifica el precio de los alimentos, haciéndolos accesibles o no a tu organismo. Porque somos dependientes también cuando amamos, y cuándo necesitamos luchar contra una situación injusta que nos atraviesa. Somos dependientes cuando desesitamos, si: tal vez una prótesis para nuestro cuerpo [una silla de ruedas o un pasaporte], o tal vez una tarde para nosotr^s con nuestr^ hij^ a cargo temporal de algún otro cuerpo al que no puedes pagar, un cuerpo con el que habrás de negociar sin esa prótesis capitalista de olvido de la deuda, que habrás de negociar el vínculo sin dinero. Y pensar todo esto es la interdependencia por la que apostamos. Una interdependencia que dice que efectivamente, el cuerpo no tiene exterioridad, y que sabe que no hay nada más experienciable que esa no exterioridad, esa multitud de dependencias atravesadas entre el deseo y la necesidad, forma parte de la realidad material de nuestras cuerpas a lo largo de todo su territorio amorfo, y en todas las formas de experiencia . Reminiscencias y voces comunes fuera de todo control, atravesando todas nuestras prácticas y enunciaciones políticas, haciendo por ello imposible cerrar el cuerpo allá donde la piel dice basta, dejándonos así, en la plena vulnerabilidad que supone saberse en vínculo constante con ecosistemas cambiantes e irregulares, a la deriva por un torrente transtemporal que nos deshace el rostro al pasar.

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